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Los fallos del mercado Política económica 

Los fallos del mercado

Debemos señalar que existen ciertas actividades en las que el mecanismo de mercado no es eficiente precisándose la intervención pública. El mercado falla debido a diversos factores que, tradicionalmente, se han utilizado para justificar la intervención pública en el ámbito económico.

Los principales fallos del mercado

Existencia y riesgo de desarrollo de mercados no competitivos.

En algunas industrias existen relativamente pocas empresas que dominan una gran parte del mercado (situaciones de oligopolio o incluso de monopolio), lo que indica ausencia de una fuerte competencia y la posibilidad de llegar a acuerdos colusivos entre ellas para conocer el comportamiento de sus respectivos rivales. En ocasiones, existen barreras a la entrada de nuevas empresas debido a lo que los economistas denominan  rendimientos crecientes de escala. Se trata de aquellos casos en los que los costes de producción, por unidad de producto, disminuyen al aumentar el volumen de producción. Cuando una empresa ha logrado una posición de monopolio debido a la existencia de rendimientos crecientes de escala, decimos que se trata de un monopolio natural.

oligopolio

Deficiente o nula valoración de los buenos públicos.

Existen algunos bienes que, o no son suministrados por el mercado o, si lo son, la cantidad suministrada es insuficiente. Un ejemplo a gran escala es la defensa nacional. Ésta pertenece a los denominados bienes públicos puros, que poseen dos propiedades básicas: no rivalidad y no exclusión. En primer lugar, no cuesta nada que otra persona más disfrute de sus ventajas. Por ejemplo, no cuesta más defender a un país de un millón y un habitantes que defender a uno de un millón. En segundo término, en general es difícil o imposible impedir que se disfrute del bien público. Así, por ejemplo, si nuestra política de defensa nacional consigue evitar un ataque de otro país, todos nos beneficiamos; no es posible excluir a ninguna persona de estos beneficios. La situación provocada por los mercados privados al no suministrar bienes públicos o suministrarlos en una cantidad insuficiente, justifica muchas de las actividades del sector público de la economía y es considerado uno de los principales fallos del mercado.

Existencia de efectos externos o externalidades.

Existen muchos casos en los que los actos de una persona o de una empresa afectan a otras personas o a otras empresas, en los que una empresa impone un coste a otras pero no les compensa, o en los que una empresa genera un beneficio a otras, pero no recibe ninguna retribución a cambio. Tal vez, el ejemplo más analizado en los últimos años sea la contaminación del aire y del agua. Cuando una persona conduce un automóvil reduce la calidad del aire que todos respiramos. Por tanto, impone un coste a los demás. De igual modo, una planta industrial que vierte sustancias químicas a un río cercano impone un coste a los usuarios del agua situados río abajo, quienes es posible tengan que pagar una cuantiosa suma de dinero para depurarla y poder consumirla.

Los casos en los que las actividades realizadas por un agente económico imponen un coste para terceros sin recibir compensación a cambio se denominan externalidades negativas. Sin embargo, existen externalidades positivas en aquellos casos en los que los actos de los agentes económicos benefician a otros sin recibir nada a cambio. Por ejemplo, una persona que rehabilite una vivienda en el casco antiguo de la ciudad puede generar una externalidad positiva a sus vecinos. En definitiva, la existencia de externalidades significa que algunos costes y beneficios sociales no figuran en los cálculos de los agentes privados.

Siempre que existan actividades que generen externalidades de este tipo, la asignación de los recursos que realiza el mercado puede nos ser eficiente. Como no recae sobre los individuos la totalidad del coste de las externalidades negativas que generan, las realizan en exceso; por el contrario, como los individuos no reciben todos los beneficios de las actividades que generan externalidades positivas, realizan demasiado pocas. Existe, así, la creencia generalizada que si el sector público no interviniera se generarían excesivas externalidades negativas y escasas positivas.

En general, los gobiernos responden a las externalidades de diversas formas. En algunos casos intentan regular la actividad en cuestión; así, por ejemplo, imponen niveles máximos de emisión para los automóviles y regulan la contaminación del aire y del agua. También, tratan de utilizar el sistema de precios imponiendo sanciones por las externalidades negativas y retribuyendo las positivas; de esa forma se consigue que la gente se dé cuenta que impone al resto de la sociedad o que reconozca los beneficios que generan otros.

Existencia de mercados incompletos.

Los bienes y servicios públicos puros no son los únicos que los mercados suministran inadecuadamente. Siempre que los mercados privados no suministran un bien o un servicio, aun cuando el coste de suministrarlo sea inferior a lo que los consumidores están dispuestos a pagar existen fallos del mercado. Se habla, en este caso, de la existencia de mercados incompletos. Existen muchos ejemplos que justifican la intervención pública por este motivo. Así, el mercado privado no proporciona un seguro para muchos riesgos importantes a los que se enfrenta la gente, si bien hoy la situación está mucho mejor de lo que lo estaba hace 50 años. Los gobiernos han puesto en marcha toda una variedad de programas de seguros motivados, al menos en parte, por esta fallo del mercado; por ejemplo, han creado fondos de garantía de depósitos para asegurar a los depositantes contra la posible pérdida de ahorros provocada por la insolvencia de las entidad financieras. Una de las razones que se alegan para justificar la intervención pública en el sector agrario es que los agricultores tienen que hacer frente a los riesgos ocasionados por las fluctuaciones de los precios, contra los cuales no pueden asegurarse.

Existencia de fallos en la información.

Algunas actividades del sector público se justifican porque los consumidores tienen una información incompleta y por la convicción que el mercado suministra, por sí solo, poca información. Por ejemplo, los gobiernos establecen normas en relación con el etiquetado de productos, con la información sobre el contenido, la fecha de caducidad… No obstante, la intervención del Estado para remediar los fallos del mercado en información va más allá de estas sencillas medidas de protección al consumidor.  La información  es, en muchos aspectos, un bien público, ya que suministrar información a una persona más no supone reducir la cantidad que obtienen otras.

Mala o insatisfactoria distribución de la renta.

Las cinco causas anteriores de los fallos del mercado impiden que el mercado sea eficiente si no interviene el sector público; es decir, la economía de mercado, si se la deja sola, no es óptima en el sentido de Pareto. Pero incluso aunque lo fuera, existen otros argumentos que justifican la intervención pública en lo económico. Así, los mercados competitivos pueden generar una distribución de la renta muy desigual y dejar a algunas personas con recursos insuficientes para vivir. Precisamente, una de las actividades económicas más importantes del Estado es la de redistribuir la renta y ese es el propósito expreso de los distintos programas sociales de transferencias, que han recibido el nombre genérico de Estado del Bienestar.

fallos del mercado

Fallos en el logro de algunos objetivos: empleo, estabilidad de precios y crecimiento.

Tal vez el síntoma más admitido del fallo del mercado sea el elevado nivel de desempleo que  ha acosado periódicamente a las economías desarrolladas. La mayoría de los economistas utiliza estas altas tasas de paro para demostrar que algo no funciona bien en el mercado.

Existencia de bienes preferentes y necesidades indeseables.

En ocasiones, existe el temor a que el individuo pueda no actuar en su propio interés. Por ejemplo, las personas no nos ponemos los cinturones de seguridad, aun cuando las posibilidades de sobrevivir en un accidente aumente poniéndoselos y aunque conozca estas ventajas. Hay quienes opinan que el sector público debe intervenir en estos casos, en los que parece que los consumidores no hacen los que más les conviene, y que el tipo de intervención necesaria o debe limitarse a suministrar únicamente información. Los bienes que el sector público obliga a consumir se denominan bienes preferentes.

Frente a estos se sitúan lo que se conoce como necesidades indeseables como el consumo de bebidas alcohólicas, tabaco y otro tipo de drogas. En estos casos, la demanda de este tpo de bienes generará una oferta movida por la rentabilidad del negocio y no por valoraciones basadas en la convivencia social.

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